La perniciosa adopción de niños por parejas de sodomitas

El lobby homoparental se apoya sobre estudios que, en su casi totalidad, no son más que pseudocientíficos. La intoxicación está suficientemente bien organizada para que todo el mundo se convenza de que estos estudios prueban que los niños criados por padres sodomitas se portan bien. Sin embargo, sólo basta tomarse el trabajo de verificar la naturaleza de los trabajos citados para entender sus debilidades metodológicas y sus manipulaciones en cuanto a la elección de los grupos estudiados.

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Maurice Berger

Maurice Berger es profesor de psicopatología del niño, jefe de servicio de psiquiatría en el Centro Hospitalario Universitario de Saint-Étienne y miembro de varias comisiones interministeriales para la protección de la niñez en Francia. Para el profesor Berger, “el lobby homoparental utiliza un método sencillo: el engaño”. Es imposible imaginar menos objetividad en las publicaciones existentes sobre este tema. “No difference”: esa es la eterna conclusión del conjunto de los trabajos comparativos del desarrollo psíquico de los niños criados por parejas sodomitas y heterosexuales.

Sin embargo, la casi totalidad de esos trabajos no utilizan métodos científicos rigurosos. Son estudios claramente militantes basados en la palabra de los “padres” (la mayoría de las veces se trata de voluntarios, no elegidos al azar, reclutados por los lobbies sodomíticos), ausencia de grupos de comparación, comparaciones con niños provenientes de parejas heterosexuales pero criados en familias recompuestas u homoparentales, etc. En definitiva: trabajos que coleccionan defectos metodológicos tan groseros que deberían ser desechados por cualquier comité digno de ese nombre.

Pero no sólo es el carácter erróneo de los trabajos esgrimidos por dichos lobbies lo que hay que poner en el expediente contra la homoparentalidad. Un estudio publicado el verano pasado cuestiona radicalmente la línea oficial que prevalece actualmente, según la cual no habría ninguna diferencia en términos de salud mental entre los niños criados por parejas sodomíticas y aquellos que lo son por parejas heterosexuales.

Mark Regnerus

Las investigaciones del profesor Mark Regnerus de la Universidad de Texas destruyen el discurso vigente apoyándose sobre el examen de 3.000 niños criados en el seno de ocho estructuras familiares diferentes a partir de 40 criterios sociales y emocionales. Los resultados más positivos conciernen a los adultos provenientes de familias “tradicionales”, los cuales manifiestan sentirse más felices, gozan de mejor salud mental y física y consumen menos drogas que los demás. A la inversa, los niños criados por lesbianas son los que peor estado presentan, con un aumento estadístico inquietante de depresiones en ese grupo.

Los adultos provenientes de ese grupo dicen haber sido a menudo víctimas de abusos sexuales (23% contra 2% entre los niños de parejas heterosexuales casadas) y sufren de precariedad económica (69% dependen de prestaciones sociales contra 17% de los criados por su padre y su madre).

¿Por qué una tal divergencia de resultados en esos estudios de psicología comportamental? La explicación la ofrece la calidad del trabajo de Regnerus, que arroja indirectamente una luz sobre los errores metodológicos de los precedentes estudios. El profesor tejano ha tenido mucho cuidado en efectuar su encuesta sobre un gran número de adultos, al contrario de los antiguos trabajos que se limitaban a muestras ridículas por su tamaño. Además, Regnerus apoya sus conclusiones sobre las respuestas de los propios interrogados y no sobre los datos aportados por sus “padres”. Después del análisis del conjunto de las respuestas, la conclusión del profesor Mark Regnerus es indiscutible: el modelo familiar que reposa sobre “la unión conyugal estable del padre y la madre biológica sigue siendo el entorno más seguro para el desarrollo del niño”. Todas las demás combinaciones, según el profesor norteamericano, causan un perjuicio a largo término en el equilibrio del niño, sean cuales sean las cualidades humanas y educativas de los sodomitas, que nadie pone en tela de juicio aquí.

Meterse en otra vía que no sea el “modelo familiar tradicional” (pareja conyugal heterosexual estable) equivale a negar frontalmente el principio reconocido por la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, según el cual el interés superior de éste (la parte más débil y sin defensa) debe pasar siempre por delante de cualquier otra consideración.

Así pues, se confirma lo bien fundado de la estructura ética y antropológica de la alianza conyugal entre un hombre y una mujer para asegurar el pleno desarrollo del niño, no puede ser silenciado por más tiempo, ante la actual legalización del “matrimonio” entre sodomitas en muchos países y su paulatina implantación en otros, con la consiguiente legalización de la adopción de niños por tales parejas sodomitas.

El deber de los gobiernos consiste en verificar la fiabilidad de los trabajos en los que se apoyan los lobbies sodomitas, y darle el lugar que le corresponde al saber y a la ciencia y no a los estudios tendenciosos y amañados de los grupos que militan en favor de los objetivos de grupos exclusivamente motivados por lo que ellos consideran sus derechos. En este asunto, tan esencial hay que buscar con ahínco y hacer prevalecer hasta lo indecible los derechos y la protección del niño sobre cualquier otra consideración o pretendido derecho sean de quienes sea.

 

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